Aviso urgente: la paciencia en peligro de extinción

chico barca caminoLlego a mis manos el otro día una frase cuyo autor desconozco que decía que “la paciencia no es la habilidad para esperar sino la actitud que tienes mientras esperas”.  Me gustó muchísimo y me hizo reflexionar, ya que cada día me encuentro y observo lo que nos cuesta tener paciencia y la energía y los recursos que derrochamos por no saber gestionarla (“consejos vendo que para mí no tengo”).En una sociedad donde la cultura de lo inmediato se multiplica de manera exponencial por los avances tecnológicos, donde los niños consiguen recompensas y premios con solo apretar un botón en milésimas de segundo,  (piensan que la cena se prepara igual de rápido), y donde nos comunicamos y nos conocemos a ritmo de clicks, se nos ha olvidado saber esperar.

Nuestro cerebro reptiliano sigue el pobre adaptándose como puede a esta velocidad de vértigo,  luchando por entender a un neocórtex que parece que ahora necesita resultados, respuestas y logros a golpe de varita mágica (con los miles de años que ha tardado en evolucionar!), no vaya a ser que nuestra esencia se desvanezca y nuestra supervivencia grite alarma.

La paciencia es una virtud y un valor en sí mismo claramente en peligro de extinción que por no cultivarla además tiene consecuencias nefastas para nosotros, nuestro entorno más cercano y nuestra sociedad. Nervios incontrolados, enfados desmesurados, conflictos, frustración, desesperanza, y tristeza.  Probablemente por este orden hasta poder entrar en un bucle de negatividad peligroso donde todos los que nos rodean quedan afectados.  Sobre todo y en primer lugar nuestra familia : los hijos y la pareja parecen ser el continente perfecto donde “vomitar” nuestra incapacidad de esperar.  En el entorno laboral lo disfrazamos de alguna manera por aquello de “guardar la compostura”, pero al final sale en forma de stress, ansiedad, exigencia y toma de decisiones precipitadas y probablemente desacertadas.

Mi experiencia en esto de cultivar la paciencia y el saber esperar está directamente ligada a dos palabras: la obsesión por el CONTROL y el rechazo a la SORPRESA.  Esa necesidad que tenemos ahora de tenerlo todo controlado: el minuto, el trayecto, el proyecto, la conversación y hasta la relación.  Somos prisioneros de nuestro control ya que es el control quien nos termina controlando a nosotros (¡SOS!).  Queremos saber qué va a pasar en cada momento, controlar las reacciones de los demás, y estar seguros de que “todo esta en orden”.  Nos olvidamos de que somos personas, tenemos diferentes ritmos, y prioridades.  Y de que la vida tiene planes para nosotros que desconocemos y NO PODEMOS controlar.  Por eso cuando alguien llega tarde, me pongo nervioso.  Cuando no contestan a mis mails, me frustro.  Si un proyecto no sale, me deprimo.  Si mis hijos no obedecen cuando quiero, me enfado y grito.  Si mi marido se pone enfermo, me desespero.   Si las cosas no salen como yo quiero me estreso.  Si la vida me da una sorpresa no sé por donde empezar a respirar.  Me inyecto unos cuantos pensamientos tóxicos que suelen ser los que tengo más a mano mientras espero, y me impaciento el triple (y directamente me enveneno claro).

Dejarnos sorprender no está de moda (y respirar con calma creo que tampoco).  No nos gusta  y nos incomoda.  La palabra tiene una connotación negativa en nuestro día a día (“vaya sorpresita me he encontrado”) a excepción de posibles cumpleaños y celebraciones (aunque a veces hasta nuestras fiestas sorpresa queremos saberlas de antemano).  Pero resulta que cuando practicamos la paciencia la vida nos trae sorpresas “de las buenas”.  Cuántos ejemplos conocemos de personas que nos dicen: “casualmente cuando dejé que las cosas siguieran su ritmo sin obsesionarme, llegó el resultado” (claro, “casualmente”).  Si mi actitud es de apertura y de naturalidad mientras espero, descubro todo un mundo lleno de novedades y oportunidades, y lo mejor APRENDO A DISFRUTAR DEL CAMINO y a lo mejor, es entonces cuando llega lo que tanto estaba “esperando”.

Si tan claro tenemos que la impaciencia es fuente de sufrimiento (la palabra patiens viene de sufrimiento) ¿porqué nos cuesta tanto tener paciencia? Porque la paciencia implica CONFIANZA en UNO MISMO y en la VIDA.  Implica una actitud de fe en que con el paso del tiempo, la constancia o haciendo ciertas actividades, los resultados deseados llegarán.

Me encuentro en demasiadas ocasiones con la excusa permanente de “no tengo tiempo” (ni para pensar); y sin embargo, creo que lo que no tenemos es la imaginación suficiente para aprovechar el tiempo que la vida nos sirve en bandeja cuando nos toca esperar para por ejemplo: oir música, leer, escribir, analizar, observar lo que pasa y existe alrededor, hablar con una persona, mirar distinto, entablar una conversación nueva, sentir, practicar la serenidad, apuntar pensamientos positivos, palabras de agradecimiento, escuchar, saborear el presente, o abrazar mi estado de ánimo.  Simplemente aprovechar para poder estar con uno mismo desde un lugar que aporta más paz que queja, más aceptación que victimismo, y mas armonía que desesperación.

No hace falta estar haciendo algo visible todo el tiempo como para sentirse productivo mientras uno espera (que parece que si no leo el mail mientras los niños salen del cole, estoy fuera de mercado).  Si quieres ser productivo mejor empieza por ti y  aprovecha para cultivar la tranquilidad. Nútrete de lo que el tiempo quiere decirte.  La vida se encarga por si misma de ponernos personas y situaciones para que aprendamos aquello que más nos cuesta y probablemente más necesitemos.  Así que .. ¿te parece si aprovechamos cualquier oportunidad para practicar? Busca todas las situaciones posibles de tu día a día que te provocan sensación de impaciencia y malestar y dale la vuelta.  Como señala Steven Covey (Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva): “la paciencia es un músculo emocional (…) y, cuando uno ejercita la paciencia más allá de sus límites, la fibra emocional se rompe, la naturaleza sobre-compensa el daño y en la siguiente ocasión aparece una fibra más fuerte”.  Es decir que hasta que no registres el dolor con la práctica no ganarás fuerza muscular. ¡Paciencia!

Para el camino te ofrezco unas golosinas para aliviar las agujetas…

  1. Piensa en todos los beneficios que te aporta: equilibrio físico y emocional, resiliencia, bienestar.
  2. Respira y cuenta hasta 1.010 (mil uno, mil dos, mil tres..) antes de gritar (el mil te da margen).
  3. Desahógate con otra persona y no con quien te saca el “allien” (avísale primero de que lo vas a hacer, please).
  4. Acuérdate de darte un “kit-kat” al aire libre para liberar tensiones.
  5. Rodéate de gente sosegada, positiva y con sentido del humor (maestros Job).
  6. Recuerda que la espera forma parte del resultado final que quieres conseguir como sumatorio (no como sustraendo).  Es justo el ingrediente mágico que te falta añadir para conseguir tu estrella Michelín.

Y para terminar, un proverbio persa que dice: “La paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces”.  ¿Qué eliges tú?  Ayúdame por favor a recuperar este valor tan importante para todos.  Gracias de corazón.

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COMENTARIOS

  • MARA on mayo 19th, 2015

    comparto plenamente estos pensamientos En poco tiempo sera Como un acertijo qUE leí ALGUNA VEZ : cUAL ES EL PREMIO A LA PACIENCIA???-
    rta: MAS paciencia !!!!!

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