La culpa: ¿piedra o perla? (parte I)

manzanaevahoy Del latín culpa. Según la RAE esta palabra define la imputación a alguien de una determinada acción como consecuencia de su conducta. Para los romanos de hecho, y atendiendo a su origen etimológico, la culpa no era un sentimiento, ya que no procedía del sujeto sino de fuera de él.   Sin embargo en el campo de la psicología, la culpa es descrita como la acción u omisión que provoca un sentimiento de responsabilidad por un daño causado. Esto es, la culpa “auto-impuesta”. Para mí, la primera definición puede convertirse en una piedra, y la segunda sin embargo, podemos verla como una bonita perla.

Revisando biografías, autores, documentos y citas me doy cuenta de que la culpa en muchas de sus acepciones, es como una piedra.  Algo con lo que tropezamos y que nos hace comunicarnos con violencia, alejándonos del otro.  En nuestros discursos y conversaciones, en las empresas y en nuestros entornos familiares “¿quién tiene la culpa?” O “no fui yo, es culpa de”,  son expresiones desgraciadamente tan comunes, que no nos damos cuenta de la carga que llevan implícita. (En mi casa la culpa de todo lo que pasaba siempre la tenía Eneko, el hermano pequeño de la mejor amiga de mi hermana que desde que un día llegó tarde y le echó la culpa al pobrecito, se convirtió en la expresión familiar más utilizada cada vez que nos justificábamos: “qué, también tiene la culpa Eneko de que hayas suspendido lengua ¿no?”)

Y es que culpar a otro es facilísimo, comodísimo y nos exime de tanta responsabilidad que es lógico y entendible que la usemos de “comodín del publico” para tantos ámbitos de nuestra vida.  No he llegado tarde porque no he calculado bien la hora, es que había mucho tráfico.  No le he pegado a mi hermana porque estaba enfadado y quería defenderme, es que ella ha empezado primero.  No he tenido una conversación con mi jefe porque me siento incómodo, es que siempre esta de viajeNo he ido al medico porque no es mi prioridad, es que el trabajo no me deja tiempo….., mi plato no esta bueno porque he elegido mal los ingredientes sino porque el horno no es como el de mi casa…(Máster Chef por cierto), no pago mis impuestos porque no me conviene, sino porque como todos lo haceny así hasta miles de ejemplos cotidianos.

Nos sale de forma tan natural tener excusas para culpar a otros de las decisiones que tomamos libremente, que hasta asusta.  Claro que si Adán comió la manzana prohibida porque Eva se lo dijo, y esta a su vez culpó a la serpiente, esto nos viene de lejos.   Si a lo mejor hubieran dicho: “perdón Señor, teníamos curiosidad, ganas de experimentar, ser cómplices en algo juntos, necesidad de elegir libremente,  ¿qué podemos hacer para repararlo?…” El origen de nuestra no divinidad hubiese sido el mismo,  pero ¡ay cómo hubiésemos aprendido a comunicarnos desde el YO y a aceptarnos tal y como veníamos “de serie” sin necesidad de “escurrir el bulto” una y otra vez!

No sabemos asumir las decisiones de las que nos hacemos cargo sean cuales sean.  Y no sabemos pedir perdón si esto trae consecuencias.  Y no sabemos decirlo de forma coherente.  “No te he llamado hoy porque he elegido priorizar otras tareas que para mí son importantes y quiero hacerlo cuando me sienta tranquilo y sereno para disfrutar de nuestra conversación. ¿Cómo te llega esto que te digo? Perdona si no he sabido entender tu urgencia y necesidad, ¿Cómo podemos hacer para que en el futuro no nos vuelva a ocurrir?”  Por ejemplo.

Culpar a mi marido, a los niños, al trabajo, la lluvia, a mis padres, mi cuñada, el profesor, a mis amigas, el vecino, el futbol, la empresa, a RRHH, al país, la sociedad, la crisis, los políticos, el mundo, a los dioses o a todos a la vez es sin duda, inminentemente más práctico y nos da un poder espectacular para no tomar decisiones ni hacer nada al respecto.   Hacernos las víctimas nos coloca en un lugar fantástico para recrearnos en la justificación del inmovilismo y además poder ser mirados con compasión.  Pobrecitos Adán y Eva que fueron tentados por la libidinosa serpiente (como bien decía Martes y 13 en su famoso sketch “ella no quería oiga”).  ¡Pobres de nosotros que desde entonces no sabemos hacernos cargo de coger lo que es nuestro y no lo que le corresponde a los demás!

Es genial tener consciencia de esto: que la respons (h) abilidad bien entendida y sin juicios, es NUESTRA habilidad para dar respuesta (y solo nuestra).   Porque cuando somos capaces de asumir que somos humanos y tomamos decisiones (aunque no nos gusten porque puede que no las consideremos las más acertadas), la comunicación con los demás, tiene otra textura, otro color.  Textura suave y esponjosa.  Color de humildad, de vulnerabilidad y de coherencia.  Esta pintura nos acerca en el diálogo con otro ser humano y nos permite cuidar de la relación de una manera más auténtica.  Desde la autenticidad es desde donde los vínculos crecen.  No desde la acusación ni desde la excusación.  Términos también romanos, que ponen al sujeto fuera de mí.

Ahí está la piedra que podemos sacar de nuestro zapato.  Si queremos, claro. Si no, no pasará nada, pero por favor, no culpemos al camino (ni al chá chá chá). Y para encontrar la perla de la culpa, que la tiene y preciosa, tendréis que esperar al próximo post.

Revisando biografías, autores, documentos y citas me doy cuenta de que la culpa en muchas de sus acepciones, es como una piedra.  Algo con lo que tropezamos y que nos hace comunicarnos con violencia, alejándonos del otro.  En nuestros discursos y conversaciones, en las empresas y en nuestros entornos familiares “¿quién tiene la culpa?” O “no fui yo, es culpa de”,  son expresiones desgraciadamente tan comunes, que no nos damos cuenta de la carga que llevan implícita. (En mi casa la culpa de todo lo que pasaba siempre la tenía Eneko, el hermano pequeño de la mejor amiga de mi hermana que desde que un día llegó tarde y le echó la culpa al pobrecito, se convirtió en la expresión familiar más utilizada cada vez que nos justificábamos: “qué, también tiene la culpa Eneko de que hayas suspendido lengua ¿no?”)

Y es que culpar a otro es facilísimo, comodísimo y nos exime de tanta responsabilidad que es lógico y entendible que la usemos de “comodín del publico” para tantos ámbitos de nuestra vida.  No he llegado tarde porque no he calculado bien la hora, es que había mucho tráfico.  No le he pegado a mi hermana porque estaba enfadado y quería defenderme, es que ella ha empezado primero.  No he tenido una conversación con mi jefe porque me siento incómodo, es que siempre esta de viajeNo he ido al medico porque no es mi prioridad, es que el trabajo no me deja tiempo….., mi plato no esta bueno porque he elegido mal los ingredientes sino porque el horno no es como el de mi casa…(Máster Chef por cierto), no pago mis impuestos porque no me conviene, sino porque como todos lo haceny así hasta miles de ejemplos cotidianos.

Nos sale de forma tan natural tener excusas para culpar a otros de las decisiones que tomamos libremente, que hasta asusta.  Claro que si Adán comió la manzana prohibida porque Eva se lo dijo, y esta a su vez culpó a la serpiente, esto nos viene de lejos.   Si a lo mejor hubieran dicho: “perdón Señor, teníamos curiosidad, ganas de experimentar, ser cómplices en algo juntos, necesidad de elegir libremente,  ¿qué podemos hacer para repararlo?…” El origen de nuestra no divinidad hubiese sido el mismo,  pero ¡ay cómo hubiésemos aprendido a comunicarnos desde el YO y a aceptarnos tal y como veníamos “de serie” sin necesidad de “escurrir el bulto” una y otra vez!

No sabemos asumir las decisiones de las que nos hacemos cargo sean cuales sean.  Y no sabemos pedir perdón si esto trae consecuencias.  Y no sabemos decirlo de forma coherente.  “No te he llamado hoy porque he elegido priorizar otras tareas que para mí son importantes y quiero hacerlo cuando me sienta tranquilo y sereno para disfrutar de nuestra conversación. ¿Cómo te llega esto que te digo? Perdona si no he sabido entender tu urgencia y necesidad, ¿Cómo podemos hacer para que en el futuro no nos vuelva a ocurrir?”  Por ejemplo.

Culpar a mi marido, a los niños, al trabajo, la lluvia, a mis padres, mi cuñada, el profesor, a mis amigas, el vecino, el futbol, la empresa, a RRHH, al país, la sociedad, la crisis, los políticos, el mundo, a los dioses o a todos a la vez es sin duda, inminentemente más práctico y nos da un poder espectacular para no tomar decisiones ni hacer nada al respecto.   Hacernos las víctimas nos coloca en un lugar fantástico para recrearnos en la justificación del inmovilismo y además poder ser mirados con compasión.  Pobrecitos Adán y Eva que fueron tentados por la libidinosa serpiente (como bien decía Martes y 13 en su famoso sketch “ella no quería oiga”).  ¡Pobres de nosotros que desde entonces no sabemos hacernos cargo de coger lo que es nuestro y no lo que le corresponde a los demás!

Es genial tener consciencia de esto: que la respons (h) abilidad bien entendida y sin juicios, es NUESTRA habilidad para dar respuesta (y solo nuestra).   Porque cuando somos capaces de asumir que somos humanos y tomamos decisiones (aunque no nos gusten porque puede que no las consideremos las más acertadas), la comunicación con los demás, tiene otra textura, otro color.  Textura suave y esponjosa.  Color de humildad, de vulnerabilidad y de coherencia.  Esta pintura nos acerca en el diálogo con otro ser humano y nos permite cuidar de la relación de una manera más auténtica.  Desde la autenticidad es desde donde los vínculos crecen.  No desde la acusación ni desde la excusación.  Términos también romanos, que ponen al sujeto fuera de mí.

Ahí está la piedra que podemos sacar de nuestro zapato.  Si queremos, claro. Si no, no pasará nada, pero por favor, no culpemos al camino (ni al chá chá chá). Y para encontrar la perla de la culpa, que la tiene y preciosa, tendréis que esperar al próximo post.

1-11 La Culpa Fue Del Cha Cha Cha

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COMENTARIOS

  • Julia on mayo 6th, 2014

    Gran Artículo Loreto, enhorabuena por tu nuevo proyecto y te deseo mucho éxito! Abrazos.

    • Loreto Laguna on mayo 12th, 2014

      Gracias Julia, se quedó tu comentario en Spam, ¡qué alegría encontrármelo hoy!! Genial poder seguirnos también por aquí, y me hace muy feliz que te haya gustado. Esto de la culpa daría para un libro (o enciclopedia) :-). ¡Feliz semana y gracias!

  • Berta on abril 30th, 2014

    Qué grande Loreto!!!! me ha encantado!!!!! Es una suerte el poder leerte. Enhorabuena por tu trabajo!!!!

    • Loreto Laguna on mayo 12th, 2014

      Gracias Berta, y perdona mi retraso en contestar a tu comentario – acabo de publicar la 2ª parte, ya me dirás qué te parece porque es un cambio de paradigma interesante
      Suerte la mía, inmensa, de contar con lectores como vosotros que me alegran cada semana con vuestras palabras de gratitud, apoyo, y empuje. Con todas las fuentes de info que recibimos al día, menudo privilegio que dediquéis algún minuto de vuestro tiempo a leer mis reflexiones “coachineanas” (léase con humor). Besitos y feliz semana!!

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